martes, 23 de septiembre de 2008

Milá. El figurín

Cómo le gusta a esta señora salir en la tele. Un temple único, una planchada peculiar y una forma de pasarse todo por el forro que no se la cree nadie. Imagino sus discusiones en Navidad con toda la familia, el hermano hablado de política mundial, de la globalización económica y su hermanita contando los amoríos de la primera noche de los grandes hermanos o aquella vez que se metió con una tabacalera y salieron escaldados cual perro que va a por hueso y vuelve deshuesado. Cada año este programa se supera, no sabes por dónde saldrán los tiros o qué van a inventar esta vez. Ahora toca que cada "gala" luzca un traje regional de cada comunidad. Ole. Eso no se nos había ocurrido aún. ¿Puede aparecer un recurso más triste? ¿Más soso? ¿Tal vez un concursante sordo ciego virgen y bajito que sea a la vez hombre, mujer y perro, que sea capaz de imitar el ruido de las gallinas y los ornitorrincos y que llore en el confesionario? Ah y que haga sus necesidades en la ducha, como hacemos todos, hasta la Milá...
Mercedes Milá (M. M.) me cansa. Me aburre. Decepcionarme no, por que lo hizo hace ya tiempo, pero aun me quedan vanas esperanzas de oirla luchar por algo importante y en lo que crea ella misma.
Al final, lo bueno que tiene Gran Hermano, es la Banda Sonora. Bueno en realidad ni eso.

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