lunes, 29 de noviembre de 2010

La experiencia Doña Manolita

Y nos llaman pringados.

Doña Manolita, esa experiencia que todo visitante madrileño debe conocer desde finales de agosto. Parece mentira que casi a mediados de año la ilusión de la lotería comience a hacer mella en los heroicos y a la vez cabizbajos bolsillos de los españoles. Ayer, domingo, pasé dos horas de frío haciendo cola para conseguir  mis números. Mi amigo Jacobo me acompañó y me hizo el gran favor de seguir al pie del cañón mientras yo me acercaba al cajero, pues en Doña Manolita no se puede pagar con tarjeta o cuando no podía estar de pie porque los tacones me estaban matando y decidía pasarme por el Oysho que está enfrente.

doña manolita loteria

Seis eran los décimos que tenía encargados. 120 euros que tardé en gastarme 15 segundos. Lo que tardé en decidir que quería que termiasen en 32. Y para mis abuelos uno que terminase en 9. De esas cosas que no tienen explicación pero que uno se la busca, para eso está el azar. 

Lo que no entiendo son las críticas del público. Desde los medios, los vecinos, paseantes o consumidores llegan críticicas a los pringados que estamos pasando frío solo para comprar lotería. ¿Aun no saben que conocemos el mismo dato que ellos? ¿De verdad no saben que lo que compramos es ilusión y no un número que creemos que va a tocar? Es decir, claro que lo creemos, todos lo creemos, sino no los compraríamos. 20 euros al décimo no es baladí. Los que hacemos cola un domingo intempestivo sabemos perfectamente que tenemos las mismas posibilidades con un número bonito comprado en Doña Manolita que con el 00.001 comprado en un pueblo perdido de Cantabria.


Aun así hacemos cola. De hecho esta foto de arriba es mia. Única, del momento en el que puse un pie en la administración. Cada uno se gasta su dinero en lo que quiere y yo me lo gasto primero, porque se que a mi abuela le va a encantar ver el sello de la administración más famosa de España, y va a ser más feliz, aunque sea por un segundo. Segundo, porque me lo han encargado en mi pueblo, y les hace ilusión tener lotería de la capital. Tercero, porque los abonados a la Manolita cada año disfrutan un poco más que el resto de los españoles. Y cuarto, porque me da la gana, jajaja. ¿Acaso hay gente que puede hacer cola durante horas para un concierto donde le empujan/pisan/etc o para ver un partido desde una grada en la que no se distingue a los jugadores, y ¿eso es más normal y menos pringado?

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