lunes, 28 de febrero de 2011

El Templo de Debod. Paraisos cercanos.

De vez en cuando me apetece caminar sin rumbo, bajar sola a leer al parque o pasear por el centro sin ton ni son. A veces es necesario para pensar. O para dejar la mente en blanco. Es bueno que estemos algún tiempo solos, especialmente cuando somos personas acustumbradas a vivir con mucha gente, trabajar con mucha gente y relacionarse con mucha gente, así, en general.

Este domingo, con los rayos de sol del mediodía me bajé al Templo de Debod, a dos minutos de mi casa, un paraíso.
El Templo de Debod fue un regalo de Egipto a España (año 1968), en compensación por la ayuda española, tras el llamamiento internacional realizado por la Unesco para salvar los templos de Nubia, principalmente el de Abu Simbel, en peligro de desaparición debido a la construcción de la presa de Asuán. Egipto donó cuatro de los templos salvados a distintas naciones colaboradoras: Dendur a los Estados Unidos (se encuentra actualmente en el Metropolitan Museum de Nueva York), Ellesiya a Italia, Taffa a Holanda y Debod a España.

Hay sólo una cosa en el Templo de Debod que oscurece su imponente presencia. Tiene los responsables d eseguridad más ineptos y bordes de todo el Ayuntamiento de Madrid. Hacía mucho que no me pasba por alli, quizás más de medio año y en aquella ocasión fui con dos amigos que me lo comentaron, pero como yo ni siquiera me fijé, fue algo que pasóe desapercibido. Antes de navidad, con la "nevada" de Madrid también fui por casualidad y cuando se lo comenté a una compañera del trabajo, me dijo que alli había un "segurata amargado" que siempre estaba de mala hostia. Sin novedades, ojos que no ven, cosa que no te crees. Este domingo fui a leer a medio día. Tranquila, relajada, vamos, de domingo.
A los cinco minutos de meterme en la profunda lectura de El Asedio, de Arturo Pérez-Reverte, comienzo a oir uno gritos, si, gritos, sel guardia de seguridad a dos señoras y un hombre de unos 70 años. Que si no habían visto el cartel, que si no saben leer que pregunten, pero que no intenten entrar y que por alli no se acerquen. Pero qué pasa, ¿es zona minada? Me pareció un auténtico capullo, su labor es proteger la seguridad del templo y atender al público, no maltratar a la gente interesada por lo que este edificio representa. me quedé alucinada de que un trabajador público tratase así a la gente. Luego pensé escibir a algún periódico, o al Ayuntamiento. Luego caí en que será funcionario. No hay nada que hacer. Habrá que seguir aguantando a este "señor" hasta que se jubile, seguramente de forma anticipada por el estrés que le genera su trabajo. Trabajo que hace mal, muy mal. Y del que no se le puede despedir.

1 comentario:

My Oxford English dijo...

Gracias por la "guía turística", muy interesante...enhorabuena por tu blog ;)

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.