lunes, 18 de abril de 2011

Más vale infoxicada...

... que mal informada.

Todas las especies recogen y asimilan aquella información esencial para su supervivencia. El águila cuenta con una poderosa visión de lejos para detectar a sus presas desde las alturas. A su vez, en las cuevas de Postojna, Eslovenia, vive una singular salamandra de piel blanca que carece de ojos. Conocida como el pez humano, no los necesita puesto que habita en las profundidades subterráneas sin luz.

Sólo si descartamos la información que no necesitamos, lograremos centrar nuestra atención en aquello que nos es vital. En cambio, si nuestro cerebro recibe una lluvia constante de estímulos, corremos el riesgo de ahogarnos en un mar de información que seremos incapaces de gestionar. Cuando eso sucede, la información se convierte en infoxicación.

Más es menos

La infoxicación es un neologismo acuñado por el físico y experto en comunicación Alfons Cornella para definir el exceso de información. Este término describe el estado de estrés que sufre el ser humano ante la actual sobrecarga intelectual. En Estados Unidos incluso se ha tipificado un nuevo trastorno psicológico, el IFS, Information Fatigue Syndrome, que se puede traducir cómo síndrome de fatiga por la información. La persona que la sufre experimenta confusión mental, angustia y miedo a colapsarse.

En el origen de este trastorno está el volumen creciente de estímulos que nos asalta diariamente. La información que generamos y recibimos se multiplica cada vez más y nos sentimos angustiados ante la imposibilidad real de estar al día. Entre correos electrónicos, sms, mensajes al twitter y llamadas telefónicas, el globo de información al que tenemos que dar respuesta se va hinchando exponencialmente.

A estos estímulos personales tenemos que sumar la radio, la televisión, la publicidad en los medios escritos y audiovisuales, los mensajes que nos llegan cuando salimos a la calle, en el trabajo, dentro de casa con la familia… Todos estos inputs sumados producen un agotamiento intelectual creciente que puede derivar en diferentes grados de ansiedad. La sensación de que no podemos con todo acaba generando depresión y aislamiento, ya que la persona infoxicada no pierde la esperanza de ponerse al día y se zambulle cada vez más en su estrés comunicacional.

Sobre esto, el novelista J.B. Priestly afirmaba que “cuanto más avanzan los medios de comunicación, más nos cuesta comunicarnos”.

Se ha calculado que un gerente típico, entre mensajes e informes, tiene que leer un millón de palabras por semana. Es decir: el equivalente a tragarse tres veces el Quijote entero.

El compositor norteamericano Steven Halpern evoca la época en la que Mozart componía sus obras, a finales del siglo XVIII. Señala que la ciudad de Viena era entonces tan tranquila que las alarmas de incendio se podían dar verbalmente. Bastaba con que un vigilante gritara desde lo alto de una torre.

Entre los factores que nos han llevado hasta aquí, parece claro que la llegada de internet ha sido clave para la infoxicación. Como decía el pionero de la programación Mitchell Kapor, “obtener información de internet es cómo querer tomar un trago de agua en una boca de riego”.


No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.