miércoles, 10 de agosto de 2011

Viaje a Paris: la ciudad del amor

Ida con EasyJet y vuelta con Vueling. Obviamente no hubo puntualidad, pero el tiempo en los aeropuertos con Wifi pasa más rápido así que tampoco nos importó mucho salir con una hora de retraso, mientras todo fuera bien.

Nos quedábamos en el Hotel de Clichy, en la Plaza de Clichy, cerca de la Gare du Nord, bastante céntrico, con mucha vidilla de la zona de Montmatre y al ladito del Moulan Rouge. Como el viaje a Paris era mi regalo de cumpleaños yo estaba como en una nube, había podido mirar cosillas por Internet pero tampoco iba muy estudiada, que es como me gusta a mí ir a los destinos, sabiéndomelo todo.

Llegamos a eso de las 23.30, el RER –una especie de Cercanías- ya estaba cerrado. Cogimos una línea de bus –como siempre el hombre aprende por imitación, así que nos pusimos a seguir a la gente-. Un chico encantador nos escuchó hablar español y al notar que estábamos perdidos nos echó una mano y nos indicó como llegar al centro de Paris. Tras el bus nos subimos a otro tren y luego caminamos hacia donde creimos que teníamos que hacerlo, en la capital de Francia hay bastante internet gratuito, pero como ya era tarde cogimos un taxi y en dos minutos ya estábamos en la puerta del hotel. 2 estrellas, justito pero suficiente para el uso que íbamos a darle.

DIA 1
Teníamos por delante una gran ciudad y la única jornada en la que se nos garantizaba el sol. Madrugamos y comenzamos a andar. Primera parada: El Arco del Triunfo. Impresionante. Fascinante. Uno de los arcos de triunfo más conocidos del mundo es el Arc de Triomphe de París, ubicado en la place de Gaulle, en el extremo oeste de la avenida Champs-Élysées., erigido para conmemorar los triunfos militares de Napoleón Bonaparte.



Tras encontrárnos esta maravilla casi por casualidad caminamos a lo largo de los Campos Eliseos, que con casi dos kilómetros se extiende hasta la Plaza de la Concordia -la segunda plaza más grande de Paris- y es la principal avenida de la ciudad. Es considerada por los parisinos la avenida más hermosa, famosa y elegante del mundo, es también la zona de compras más exclusiva y cara del mundo, cuenta con las tiendas más exclusivas a nivel mundial como Chanel, Louis Vuitton, Cartier, Hugo Boss entre otras. Los franceses suelen llamarla la avenida más hermosa del mundo («la plus belle avenue du monde»).

En la misma Plaza de la Concordia nos topamos con el Obelisco de Luxor -aqui mi novio alucinando, se sabía la historia y me contextualizaba a cada paso, asi da gusto-. Aqui también pudimos ver la fuente de La Madeleine o la de Hittford pero, sobretodo, divisamos por primera vez la Torre Eiffel.

Caminamos un poco más, Palacio y Jardín de las Tullerias, es amplio y con mucho tráfico, los parisinos lo consideran algo así como El Retiro de Madrid... ¡donde el césped no se pisa! y que desde 1789 se convirtió en la residencia real, que venía de Versalles, por un tiempo. Incluso Napoleón vivió aqui en 1800. Una de las cosas que me sorprendió es que hay un nuevo arco que hace de entrada, es el Arco del Triunfo del Carrusel, que separa tullerias del Louvre.

Otra maravilla a tan sólo unos metros: el Museo del Louvre. Absolutamente majestuoso. Sabíamos que en nuestro viaje de tan sólo tres días nos tocaría elegir. El Louvre se quedó fuera. Tanto arte merece un día al completo y fuimos práctico. Quedará, con suerte, para la próxima visita a Paris. Además, llegamos en lunes, día en el que cierra, asi que tampoco fue un disgusto.

Nos dimos un paseo, nos mojamos un poquito los pies en una fuente -ya un poquito maltrechos tras 3 horas caminando- y salimos a una nueva avenida desde la que se divisan algunos puentes, entre ellos, el que cuelga los candados del amor. Se ha puesto de moda en muchas ciudades europeas pero realmente encontrarnos con este fue suerte y no otra cosa, ya que no conocíamos de su existencia. Había tiendas donde vendían candados por 7 euros y a pesar de que a mi esas cosas me hacen mucha ilusión, nos quedamos sin nuestro símbolo de amor :(















Paramos a comer en un italiano. Todos los sitios cobran en su menú la bebida a parte, con lo que suele encarecer. Nos gastamos unos 15 por cabeza. 45 minutos y a seguir pateando la ciudad, ya teníamos ganas de ver la Torre Eiffel, pero nos quedaba aun otro gran símbolo por el camino: la catedral gótica de Notre Dame. Absolutamente imponente. A pesar de estudiar francés durante cinco años hasta llegar ahí no caí en que significa Nuestra Dama, en referencia a la Virgen Maria. Está rodeada por el Sena, la entrada es gratuita y las colas enormes. Otro monumento al que no pudimos subir y que apuntamos para la siguiente.


Tras Notre Dame un pequeño capricho barroco, el Palacio y el Jardín de Luxemburgo, lo meteríamos en nuestra ruta si nos daba tiempo y así fue, tras una Coca Cola Light rápida al lado de la Sorbona nos adentramos en el precioso jardin encargado por Maria de Médeci. Dimos una vuelta y pillamos un bus hacia la, ahora si, Torre del señor Eiffel. En la parada de metro nos dejamos caer cerca del Museo del Ejército y el Palacio Nacional de los Inválidos, donde se encuentra enterrado Napoleón Bonaparte. Las vistas desde lo alto de la torre son impresionantes.


Al fin atravesamos esta preciosidad y fuimos avistando la Torre Eiffel y sus largas colas en cada una de las cuatro entradas. Eran ya las 6 de la tarde y aqui terminaba el recorrido del primer día. Quedamos embelesados aunque tengo que reconocer que mi primera impresión fue del tipo: "¡pero qué fea es!" cuanto más la miraba más me gustaba. Nos hicimos las fotos de rigor y nos montamos en el metro para darnos una ducha en el hotel y ponernos guapos para la noche. Nos esperaba una cena en un crucero por el Sena.

Antes de llegar al hotel -ubicado en Montmartre- nos acercamos a ver el Moulin Rouge, a unos dos minutos andando. Está en una calle llena de sex-shops y otros locales de alterne, símbolo de la noche parisina ¡muy interesante!


Una de las cosas más románticas que uno puede hacer en Paris con su pareja. Tanteando un poco distintos foros, sobretodo el de Los Viajeros, vi restaurantes como Le Train Bleu o Le Ciel de Paris o incluso el de la propia Torre Eiffel que tradicionalmente son los más típicos para parejas. La otra opción clara era el crucero, unas dos horas navegando por el Sena, con nuestras mejores galas y a bordo del Capitane Fraccaise.
Una experiencia única donde de nuevo se ve la capital con las lunes de la noche, a otro ritmo, en otro ambiente. Totalmente recomendable e imprescindible. El final perfecto de cualquier velada.

DÍA 2

A mi novio le fascina la idea de conocer las ciudades en moto. Es otra manera de llegar a sitios que con transporte público no llegarías y que además te da la libertad para recorrer cada rincón a capricho. El martes fue nuestro free day. Recorrimos más o menos el mismo camino que el día anterior nos había llevado 9 horas a pie. En la zona de Notre Dame me compré mi único capricho parisina: una boina roja.

En moto conocimos la parte nueva de Paris, la city o zona financiera, con unos edificios realmente impresionantes, modernos y donde se mueve la mayor parte del dinero de los franceses.

Por la tarde subimos al norte, en Mormarte, el cementerio o el Sacre Coeur -no me dejaron entrar a la primera porque llevaba pantalones cortos, asi que atención a la vestimenta!-.
Aqui no hay fotos, sólo sensaciones :)

DÍA 3

Salíamos a medio día asi que sólo teníamos un objetivo, subir a la Torre Eiffel, tras hora y media de cola entramos por la puerta norte al piso primero y al último. ALUCINANTE.



Uno de esos viajes que hay que hacer al menos una vez en la vida.
Si es posible en la segunda visita me he apuntado: Disney, Versalles, subir a Notre Dame, ver la tumba de Napoleón... y vivir Paris.





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