jueves, 1 de marzo de 2012

Si quieres ser feliz invierte en experiencias, no en cosas

El otro día me quedé pensando a partir de una frase que leí en Google + (si, yo tampoco se cómo llegué hasta alli): Si quieres ser feliz invierte en experiencias, no en cosas.
Asi que me he puesto a pensar en las mias. En mis propias experiencias y se me han ocurrido unas cuantas sin orden ni concierto.

He nadado con delfines y focas marinas, he dado de comer a un cocodrilo (que asco, qué miedo, qué sensación mas k*cking jodida), y he "pilotado" un camello de camino al Sáhara.
 
He viajado a Cuba, México, Paris, Marruecos, Italia, Suiza, Portugal, Túnez y a las Islas Canarias dos veces el año pasado (sin coñas).
 
He hecho espeleología en el pueblo donde se rueda Tierra de Lobos, escalada en las montañas de Palencia (y luego segundo intento en la Sierra de Madrid), he hecho spinakker a orillas del Caribe en Acapulco, he dormido en la Sierra de Gredos y he esquiado (de aquella manera) en Sierra Nevada, me he caido de un kayak (y han tenido que venir a rescatarme porque había atracado sobre unas rocas mientras el hotel miraba), también hice snowboard en La Pinilla, pero eso no cuenta, estuve más tiempo en el suelo que sobre la tabla.
 
Me han robado y he perdido móviles y cámaras de fotos y yo para compensar he robado unas medias en Primark (en realidad no fue premeditado). He visto la muerte muy de cerca y la vida en los hijos de alguna amiga cercana. Me he vuelto loca comprando en Gran Via y en Oxford Street como si no hubiera mañana (y como si yo fuera Carrie Bradshaw) y he pensado que acabaría viviendo de la caridad como ya lo hizo Will Smith mientras buscaba su felicidad.
 
Me he enamorado. Muchas veces en mi imaginación. Una sola en mi corazón. 
 
Me he peleado con mi hermano hasta que ambos terminábamos llorando pero lo quiero tanto que daría mi vida por él. Me preocupo de mis amigos, les hago de Celestina (aunque se que no lo necesitan) y me encantaría que un día no muy lejano todos fuesemos vecinos en una mismo comunidad cada uno con su pareja (como en Desperate Housewives), que nuestros hijos fueran amigos, que quedásemos para jugar al Trivial y que nos cuidásemos los unos a los otros -ya se que eso se lo inventaron los hippies, pero a mi me gustaría darle otra vuelta a esta buena idea de mi cuñado Sergio-. 
 
He dejado que una mujer me enjabone y me bañe mientras yo estaba desnuda (en presencia de mi amiga Vero). He donado sangre. Me he atiborrado en un desayuno de buffet libre. He llorado porque echaba de menos mi casa. Me he sentido completamente feliz con mi vida en infinidad de ocasiones. Sigo planeándolo todo y luego no me sale casi nada.
 
He bailado sobre la barra de un bar en Salamanca y he sufrido un atentado en Marrakech (disparaban piedras contra el autobús hasta que rompieron nuestro cristal, yo a eso lo llamo por lo menos medio atentado).

He bebido tanta absenta hasta no recordar ni mi nombre ni mi casa. He sentido que era mayor para beber, cuando tomo una bebida fría a veces me da dolor de cabeza. He hecho un maratón de batuka durante más de 6 horas. He toreado una vaquilla en una capea (con mi amigo el torero ayudándome). Vi cumplir 100 años a mi abuela.
 




He vendido consejos que para mi no tengo. He empezado tantas dietas como pelos tengo en la cabeza. He conducido un tractor. He llegado a casa sin sandalias después de una larga noche de fiesta en Santander donde nos echaron del bus con un spray antivioladores (no a nosotras, a todos). Intenté hacer el Camino de Santiago, pero no lo conseguí (todavía). Terminé con éxito y con un par de ampollas la Ruta del Cares.

He bailado pasodobles en la verbena de mi pueblo hasta levantar polvo del suelo. He llevado uniforme de cuadros cuando estudiaba en el internado y una falda naranja bombona cuando trabajaba en una tienda gótica en Camden. Vi el beso de Casillas y Sara Carbonero cuando España ganó el Mundial. Siempre he querido bailar la de Flashdance en mi boda.

He viajado en el maletero de mi profesor del cole rural en Polaciones mientras preparábamos un viaje que consistía en rebozarnos entre la nieve. Una monja me ha vacilado, pero no una cualquiera, la madre superiora me quitó el móvil una vez y hasta me azotó otra. Me decía que era una escandalosa. Me emociono cuando veo a una novia llegando al altar (en la tele o en la vida real)

En la fiesta gastronómica entre departamentos de mi oficina yo aporté dos sandias. Fui a la "marcha de los tractores" en Madrid para apoyar a la ganadería rural. Hice algunas cosas de las que luego me arrepentí y estoy haciendo otras de las que me siento muy orgullosa.

He regateado en inglés y en francés. He pensado que nadie me quería. He pensado que todos me querían. He aprendido a hacer ganchillo y a plantar patatas y le he rezado a Dios cuando estaba al límite por algo.

Me sigo poniendo muy nerviosa en los aeropuertos. He hecho tongo en algún concurso y otros los he ganado legalmente. He dado el discurso en la graduación de mi máster  y he hecho el ridículo dando el discurso (con 2 o 3 copas) en la boda de mi amiga la Chilindrina.

He pensado que los amigos de verdad eran para siempre. He llevado en la cabeza estrellas, globos, gorros, diademas, flores, bolis, pelucas, rotuladores, cartones y hasta cuerdas. He ido al Bernabeu y he querido hacerme ultrasur pero luego cuando juega el Madrid en la tele no lo veo.

Me he tomado tantos Red Bulls que he tenido que salir a pasearme, literalmente, porque pensaba que el corazón se me salía del pecho. Me he disfrazado en todas las ocasiones en las que he tenido la oportunidad: de hippie, de vieja, de ángel, de pastora, de doncella de la muerte, de pobre, de pirata, de Lo Que el Viejo se Llevó, etc.
 
He incendiado la cocina de mi casa de Martín de los Heros. He ayudado a una vaca a dar a luz. He pedido matrimonio a un chico (que me sigue dando largas). Me he tenido que tirar en marcha de una yegua desbocada. Metí el pie en una sartén en la lumbre con aceite hirviendo. Aún tengo la marca.


He dejado un trabajo y me han despedido de otro. Le he regalado un trozo de una estrella del cielo a un actor de telenovelas (fenómeno fan). Me han abucheado en un karaoke cantando a Juan Pardo.

Me han cantado cumpleaños feliz en un sitio de travestís. Los travestís y las otras mesas también han cantado.
 

Todos hacemos cosas cada día que nos enriquecen la vida que nos hacen ser como somos  y algunas de ellas, ¡hasta son gratis!
 

4 comentarios:

Provincianas dijo...

¡¡¡¡¡¡Claro que sí!!!!!!!

SilviA dijo...

Espero que sobre todo en el apoyo al medio rural me apoyes!! jejejeje

Anónimo dijo...

Sin duda, el mejor post :)

Silvi y sus aventuras!

Meri.

Nuky dijo...

Preciosirrimo!!!

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