miércoles, 11 de julio de 2012

Agradecimiento a las mascotas que dieron su vida por Inglaterra

Una de las entradas imprescindibles en el libro de las excentricidades del universo del charm inglés cuenta con una serie de honores y agradecimientos sin medida a aquellos que dieron su vida por la patria. Allá por noviembre ya vivimos el particular renacer del famoso poppy o pétalo de amapola que adorna por igual solapas de deportistas y políticos, coches de taxistas o cadenas de perros en reconocimiento a los caidos durante la Guerra Mundial.



Es impresionante el sentimiento que durante semanas inunda monumentos, los alrededores de la Abadía de Westminster o los informativos de las cadenas de televisión. En España no podemos hablar de la Guerra Civil porque aun hay gente insultando, reclamando y llamando entre sí a hermanos y vecinos rojos y fachas en vez de superarlo y luchar juntos por salir adelante. Aqui hay una legión no subvencionada que se mantiene con los donativos anónimos de particulares y empresas, hacen honores a los que cayeron y a sus familias y reconocen la injusticia de una guerra y perdonan pero no olvidan, por eso de evitar que la historia vuelva a repetirse.

Asi que el otro día cuando tuve mi particular disgusto semanal con el transporte de esta ciudad, descubrí un nuevo monumento de agradecimiento a los caidos. En esta ocasión me llamó más la atención si cabe que lo que pasó en noviembre. Me despedía de una amiga para volver a casa cuando, en la primera parada del autobús nos dice el conductor que hay que bajarse que la calle está cortada. Señor, ¿no pudo avisarlo antes de que pagara mi ticket para ir a un destino al que no va a llevarme? Entre gritos explicó que no iba a dar explicaciones y que estaba haciendo su trabajo. Con esto me queda claro. Un par de inglesas negras siguen protestando con ese acento tan reconocible, un pakistaní grisáceo se encara al conductor, los ingleses sonrosados se resignan y se van, agachando la cabeza. Yo, negra también, me vuelvo a preguntar cómo le han dado unos Juegos Olímpicos a una ciudad con un transporte tan deficitario cuando presume de modernidad... Y ahí estoy yo, en Hyde Park Corner, saco el Google Maps y descubro lo cerca que estoy de Marble Arch y me voy dando un paseo. ¡Aha! He aqui el problema. Una marcha de centenares o miles de indios vestidos de naranja reclamando sus derechos al grito -en indio e inglés- de "no más muertes" de compatriotas suyos. Como siempre, vuelvo a salir de Hyde Park saltando las vayas y a los pocos metros antes de llegar al final de mi querido Oxford Street descubro esto:



El Animals In War Memorial. Es un monumento en honor a todos los animales caídos en la guerra en el ejercicio de sus funciones como mascotas, burros de carga, caballos de batalla, etc. ¿No es impresionante? Me pareció precioso (y caro -2 millones de libras-). Y tiene dos inscripciones:

"This monument is dedicated to all the animals that served and died alongside British and Allied forces in wars and campaigns throughout time."
"They had no choice."

Triste, ¿verdad? Pero bastante más aconsejable que esos supuestos defensores de los animales que se dedican a colgar fotos en Facebook con perros decapitados, gatos cuyas tripas salen por la boca o caballos, delfines y otros animales en estado de putrefacción...




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