sábado, 14 de febrero de 2015

20 de diciembre. EL DÍA

Llega un momento en la vida de toda chica... que es magia, que es puro amor, el momento ¡mi momento! mi tesorooooro
la declaración de amor
la pedida
el compromiso
yo lo llamo, finamente... el hincamiento

Por el amor de Dios, 
¿puede haber algo más romántico y único en este mundo que un hombre que se arrodilla frente una mujer para decirte, a corazón abierto: ¿quieres casarte conmigo??

Ay omá, casi me da un mareo. Como yo llevo cinco años pidiéndole a mi chico que se case conmigo, siempre que me hacía alguna broma yo ponía el pilotito de alerta (ese del: "es ahora!", "ahora es el momento!!", "ahora me lo va a pedir!!!") pero no. A Víctor siempre le gustó llevar las riendas y sabía que cuando lo hiciera se lo iba a currar, pero sin público y sin mariconadas. Después del cine me llevó al lugar donde tuvimos nuestra primera cita, él tenía las manos frías y yo iba monísima de la muerte (no me esperaba la caminata que luego tuve). Llegó el momento de la gallardía, rodilla izquierda a tierra, mano derecha al bolsillo y sensación de nudo en la garganta, los dos solos al atardecer en la silla de Felipe II, tras una declaración de amor y de vida llega el SÍ, QUIERO. Y ahí empieza todo, mejor dicho continúa, quien me conoce sabe que me chiflan las bodas, mis amigas cuando escucharon la noticia empezaron a temblar pesando que iba a ser la típica novia pesada (creo que no lo estoy siendo!) y aunque es cierto que llego sobrecargadita de información, lo bueno es que me lo estoy pasando pipa.

Y esas ya... fueron unas mejores Navidades.

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