miércoles, 21 de diciembre de 2016

Las 9 cosas que aprendí de mi bebé de 4 meses



En realidad he aprendido muchas más. Yo, a esto de la maternidad, llegué desde el nivel -3 y, por mucho que leí y me informé desde que nos enteramos de la noticia, sólo cuando vimos sus ojitos comenzamos a aprender.

1. Aprendí que soy mucho más importante de lo que pensaba. Así, mi primer aprendizaje llega desde el egoísmo, que me enseñó que aquel miedo que yo sentía los primeros días a que me dejaran sola con ella estaba bastante infundado. Cuando su padre, emprendedor (y casi sin tiempo  de "baja" como todos los autónomos) comenzó a trabajar, yo me decía una y otra vez que por qué, si su hija aún le necesitaba tanto (¡y la madre mucho más!). Cuando tú todavía te estás recuperando del shock del parto, las secuelas físicas del postparto y la lactancia y las consecuencia hormonales y emocionales de la recién estrenada maternidad, te das cuenta de que ya no eres tú, es tu bebé el protagonista de esta historia. Y te necesita mucho. Y hay cosas que sólo tú como madre podrás darle y en los pequeños gestos del día a día verás lo imprescindible que eres para esa criatura que lleva conviviendo contigo, en tí, 9 meses, toda su vida junto a ti. No te extrañes si sólo contigo se calma. No te extrañes si la primera sonrisa la reserva para ti. No te extrañes si incluso el papi, para ella, pasa a un segundo plano durante algún tiempo todavía. Ahora la mami es lo más. Disfrútalo.

2. Aprendí que cada bebé es único, y tienes que estar preparado E INFORMADO. Durante el embarazo y ya en las visitas al pediatra se intuye algo que más tarde he confirmado, no hay una sola forma de hacer las cosas y "todo es normal" para los médicos. En los informes del hospital, aunque es una niña completamente sana, se hacía referencia a que tiene llanto vigoroso. Si por cada vez que ese llanto vigoroso me ha acompañado en los paseos y una persona me paraba para darme un diagnóstico alguien me diera un euro, yo ya habría dado una buena entrada para un piso.  "Es que tiene hambre", "seguro que tiene frío", "eso es que la tienes mal acostumbrada y solo quiere brazos", "no le has sacado bien los gases", seguro que muchas veces acertaron. O no. Lo que si tengo claro es que lo que vale para unos bebés no vale para otros, tenemos que conocernos muy bien para que la convivencia llegue a buen término. Y muchas veces ni los médicos son referentes de cada, sólo papá y mamá tendrán que tomar la decisión porque las contradicciones entre los propios profesionales de la salud te hacen desconfiar, desde cual y cuándo se introduce la alimentación complementaria hasta los medicamentos que se pueden tomar durante la lactancia o las recomendaciones de crianza... cuando el mito es que en internet hay de todo y todo es basura y poco fiable resulta que si, que en internet está la solución, hay fuentes mucho más fiables y actualizadas que los propios pediatras y médicos en general que ejercen en la sanidad pública o privada. Te recomiendo empezar con autores como Julio Basulto, Carlos González, Rosa Jové, Lucía -Mi Pediatra-, Jesús Garrido o Armando Bastida, a partir de aqui y con los profesionales de salud que te toquen, puedes crearte tu propia idea y eso sí, ¡hacerlo lo mejor que puedas!

3. Aprendí que la tribu es necesaria. O al menos hace la vida más fácil. Al poco de tener a mi hija comencé a admirar a las mujeres de mi alrededor, mi madre, trabajadora incansable, mi jefa, curranta incondicional, mi suegra, entregada a sus hijos hasta las trancas, mis amigas, con la lactancia por bandera y así hasta un sinfín de mujeres que han sido madres y a las que admiré desde ese momento. Pero me dí cuenta de que necesitaba compartir, consultar y hablar con otras madres en la misma situación y así encontré en un foro en internet un grupo de mamis que iban a dar a luz en agosto, como yo, y desde entonces estamos muy unidas, cada una en una parte de España pero con un chat activo las 24 horas para ccompartir opiniones de pediatras, animar en la lactancia, compartir links de ofertas de pañales o dar consejos sobre las relaciones con los Mr. La ayuda ha sido infinita y lo sigue siendo, en este mundo tan desnaturalizado para los temas de la maternidad puedes estar más unido a una chica a 500 km de ti que nunca has visto que a tu mejor amiga de toda la vida.

4. Aprendí que está todo por hacer. Ver la cara de mi bebé me recuerda que nacemos "muy poco hechos" y eso te da la oportunidad de reinventarte cada día, de ser una mejor versión de ti misma para ser su ejemplo y que conozca lo que merece la pena vivir porque todo aun está por descubrir. Es como si todos los días fuesen uno de enero: lleno de planes, buenos propósitos y ganas de superarte. Tener un hijo es un proyecto que inexorablemente te lleva al esfuerzo y la mejora continua en tí mismo, en tu entorno pero, sobre todo, en tu bebé. Aun recuerdo cuando mi chico me decía que quería hacer dieta para que nuestra hija tuviera un papi atlético o cuando yo pensé que me hace ilusión que nuestra hija nos admire, también profesionalmente. Sin quererlo queremos convertirnos en su mejor ejemplo.

5. Aprendí a cambiar de opinión y reordenar mis prioridades: siempre pensé que yo no era de esas de las que daban la teta en público, ya ves, topless si pero teta en público no. Pues tu nueva realidad te va pidiendo que tomes decisiones por el bienestar de esa persona y el tuyo propio. He llegado incluso a ir caminando por la calle con mi pequeña al pecho y a sentir paz total, ella calmada y alimentándose y yo feliz de poder hacerlo. ¿Llevarle en una mochila como una hippie? Nunca lo pensé porque me parecía más cómodo llevar a los niños en el carrito pero el porteo es tan bonito, tan sano y tan íntimo que pocas cosas me gustan más. ¿Dejarle llorar para que aprenda? Antes de quedarme embarazada pensaba que se hacía así, me quedé en el año 94 con el Dr. Estivill pero hay más formas de hacerlo y aunque no saben dormirse solos, si que tienen la necesidad de dormir. Llegará. Como sé que llegará el día en que duerma toda la noche (no lo hace aún). ¿Hablar con un bebé? Charlamos por la calle porque tú me miras como si me entendieras y lo necesitaras y me encanta y así con casi todo.

6. Aprendí a valorar cada instante, a disfrutar como si fuera el último. Muchas veces pensé que los bebes (menos de dos años) no tienen gracia porque solo comen y duermen Para mi gracia o desgracia mi bebé duerme más bien poco y es bastante demandante, lo que me permite descubrir expectante la de experiencias nuevas que vive cada día. Su cerebro hasta los 3 meses crece el 1% al día

7. Aprendí que se vive mejor sin rencor: las dos veces que nos han tocado las vacunas los gritos tras los pinchazos han sido terribles. A prueba de cualquier sonómetro, de ese llanto vigoroso al que está suscrita mi hija solo quedaba el decibelio a la máxima potencia. Pero entonces la coges en brazos, le hablas al oído y le transmites todo tu amor y en cuestión de segundos te mira y ¡ah! la sonrisa, ya pasó. En idioma bebé la traducción sería más o menos así: "Mami, me he llevado un sustazo con las vacunas pero ya estoy bien aquí en tus brazos, así que tranquila, ¿jugamos un rato?".

8. Aprendí que sin darme cuenta lo primero que busco tras verte cada día es sacarte una sonrisa. Y eso es algo que si todos hiciéramos más a menudo cambiaría el mundo en el que vivimos. Yo fui de esas madres que no se enamoró en el paritorio, sino con el paso de las horas, las siestas, las miradas y las caricias y esto me gusta más, porque siento que sigue creciendo día tras día, haya o no sonrisa de por medio.

9. Aprendí a querer más. Creo que de hecho me ha crecido el corazón. Si, algo así ha tenido que suceder por que yo ya sentía que tenía una vida plena y me consideraba, en lineas generales, bastante feliz. Era mi pareja el que estaba más animado a ser papi y comenzar esta nueva etapa y simplemente dejamos a la naturaleza seguir su curso. Y la naturaleza es muy sabia. Si tienes dudas sobre si tú o tu pareja podéis querer más al bebé que a vuestro actual compañero de vida tranquil@, amarás hasta el infinito, de hecho seguramente a tu pareja la quieras aun más enfrentándose a este nuevo rol, es lo que me ha pasado a mi, y a tu bebé lo querrás más cada día que pasa.

Y, ahora, ¿qué? A seguir aprendiendo...



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